¿Quién guarda al guardián?

Imagen

Título: El guardián entre el centeno (The catcher in the rye)

Autor: J. D. Salinger (1919-2010)

Año: 1945

Editorial: Alianza Editorial

Si de algo no cabe duda—y permítanme empezar con esta contundencia—es que El guardián entre el centeno es una obra polémica y curiosa donde las haya. Polémica por las tan diversas críticas que suscita, muchas veces enfrentadas: para algunos es el libro de referencia en su vida, para otros no es más que una obra insulsa y sobrevalorada, que desmerece el nombre de “clásico de la literatura universal” que muchas veces se le ha dado. Polémico también por el historial que acumula, en cuanto a asesinatos y otros hechos turbios. Por todos es conocido que Mark Chapman llevaba la obra en la mano cuando asesinó a John Lennon en 1980; también aquel que terminó con la vida de Kennedy admitió que El guardián era uno de sus libros de cabecera; menos conocido es que John Hinkley, quien intentó matar a Reagan, también declaró su debilidad por la novela. ¿Casualidad?

Y por otro lado, es una obra curiosa, muy curiosa, hasta el punto de ser única. Holden Caulfield es Holden Caulfield, y aunque muchos hayan intentado imitarlo o crear un personaje como él… Nada, no ha habido éxito. El adolescente neoyorquino adinerado al que Salinger insufló vida hace más de medio siglo, sigue siendo hoy un personaje único. Como único es su autor, al fin y al cabo. Yo siempre he defendido la postura de que a la hora de analizar, disfrutar, entender, etc. una obra, no hay que atender mucho al autor y su contexto. El autor es un elemento, la obra otro muy distinto, que aun habiendo nacido del primero, adquiere su propia vida y forma, y sigue su camino. No obstante, las alteraciones psíquicas, así como los dramáticos episodios que Salinger vivió en su juventud parecen leerse entrelíneas en sus obras—tal vez no tanto en el contenido, pero sí en las maneras, o en el punto donde se funden contenido y forma, como lo es el carácter de los personajes.

Y probablemente no sea anecdótico que Salinger fuera un estudiante neoyorquino pésimo, y al que solo la lengua se le diera bien. Como tampoco lo es que cuando su padre, un judío polaco que se dedicaba a la importación de carne europea, le envió a ver los mataderos del Viejo Continente, decidiera hacerse vegetariano. Sí, no está de más recordar que la relación de Salinger con su padre fue de mal en peor, hasta el punto de no asistir ni siquiera a su entierro. Tampoco que Salinger sobrevivió a una Guerra Mundial en la que el 80% de su compañía murió, que fue de los primeros en llegar a los campos de exterminio nazis. Y mejor no seguir.

Por eso, aunque no me guste mezclar obras y autores, no es capricho que la aureola de oscuridad y pesimismo que rodean al joven Caulfield guarden mucha relación con unas palabras que el mismo Salinger dijo un buen día: “los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”. No creo que esta áurea sea un recurso intencionado, una apariencia que deliberadamente busque adoptar. Pero quién sabe.

En cuanto al personaje de Holden Caulfield, lo primero que hay que resaltar es que es un incomprendido pero, sobre todo, es un ser que no comprende. Es él quién no entiende el mundo. Como escribió Enric González (en una crítica de El guardián hace ya años, que no tiene desperdicio): Holden es un “chico al borde de una crisis de hiperlucidez”[1]. Magnífico. Y por eso afirma con vehemencia y desprecio que “en Nueva York sólo cuenta el dinero” o “¿Quién quiere flores cuando ya se ha muerto? Nadie”. Así, encontramos un Caulfield que, aun alardeando de ser “el mentiroso más impresionante que han visto en su vida”, escupe verdades como jarros de agua fría. Un Caulfield que se sueña protector de esos niños que van a entrar en la edad adulta, hipócrita en esencia. Él, el guardián entre el centeno, agarra a todos esos que van directos al precipicio.

Porque si algo esta claro es que, para el lector, Holden es un mentiroso pero no un hipócrita. Desde el primer momento admite su debilidad por la mentira, y esa creación de identidad es aspecto clave. Pero lo dice, no lo oculta: eso le diferencia del resto del mundo, donde “hay tíos falsos a patadas”.

Con el cinismo como motor de la acción narrativa, con un estilo impertinente donde reinan las frases cortas y las muletillas. No nos engañemos: un adolescente no habla así, a no ser que tenga serios problemas en su desarrollo educativo y personal. ¡Ah! Sí, no olvidemos que jugamos con una traducción, parece ser que en el original la lengua es mucho más precisa… Malditas traducciones. En cualquier caso, Caulfield es arrollador hasta agotar. Salinger quiere mostrarnos a Holden así, como un jovencito desagradable, y lo consigue. Aunque sea el protagonista. ¿Qué importa? Y si no coges cariño al “prota”, a quién se lo vas a coger… Pero sin apenas darte cuenta—uno lo ve cuando ya acaba todo…—la maestría de Salinger hace que veamos todo desde los ojos depresivos de Holden. Vale, tal vez no le cojamos cariño, pero estamos en él. Y por eso asumimos cada “que te jodan” y cada batalla la tomamos como un verdadero fracaso personal.

Y de fracaso en fracaso llegamos al final de la obra. ¿“Clásico de la literatura universal”? Uf… No sé. Sigo leyendo que es un libro que “cambia vidas”. Desde mi estrado (mi silla) os digo que la mía desde luego no. Quizás lo leo tarde. Sí, estoy seguro de ello. Bueno, eso y que lo leo sentado muy a gusto tomándome un zumito de naranja recién exprimido. Todo influye. Tiene gracia. Estoy seguro que hace cinco años me hubiera fascinado mucho más. Así que quinceañeros del mundo, ya sabéis lo que toca: una dosis de Caulfield y a espabilar.


[1] Enric González, ‘El guardián entre el centeno’, la mítica novela de Salinger, sigue cautivando después de cincuenta años. http://elpais.com/diario/2001/08/13/revistaverano/997653630_850215.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s